Notas:

  1.   «A primeras horas de la noche», precisa el hermano Elías en su carta encíclica enviada a todos los provinciales para comunicarles el fallecimiento del Santo (AF 10 p. 527). Para nosotros, que contamos los días de medianoche a medianoche, San Francisco murió al anochecer del 3 de octubre; fue enterrado al día siguiente, domingo.

  2.   Gén 2,10: De Edén salía un río que regaba el jardín, y desde allí se repartía en cuatro razos.

  3.   Se refiere al Alverna, como se verá en el n. 94.

  4.   Procedimientos semejantes a éste los encontramos en los apóstoles (Hch 1,24-26), en San Antonio Abad (Vitae Patrum I 2: PL 73,127), en San Agustín (Confesiones 8,12), en San Martín, etc. Cf. también 2 Cel 15.

  5.   En la montaña del Alverna (1.269 m), en Toscana, diócesis de Arezzo. San Francisco lo recibió como regalo del conde Orlando de Chiusi en 1213.

  6.   6) Tuvo lugar hacia el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz (LM 13,3).

  7.   Cf. las visiones de Is 6,2, y, sobre todo, las de Ez 1,5-14.22-25.

  8.   Véase en 2 Cel 138 la estratagema a que recurrió.

  9.   Es decir, guardián, según el reglamento de la vida de los eremitorios. Cf. REr 8-10.

  10.   Es decir, le había constituido vicario suyo para todos los hermanos; cf. Test 27.

  11.   Eclo 38,4. Una vez más, hay que destacarlo, un versículo de la Escritura influye en una decisión de Francisco.

  12.   Honorio III y la curia habían sido echados de Roma por una sedición popular. Es posible que el especialista en cuestión formara parte del grupo de los médicos pontificios.

  13.   Con el nombre de Gregorio IX, Hugolino gobernaba la Iglesia un año antes de que Celano escribiera esta frase halagadora, pero en gran parte merecida. Se sabe incluso cómo servía y cuidaba con sus propias manos a un leproso en su palacio (San Buenaventura, Serm. 2 de S. Francisco: Opera omnia 9 p. 577).

  14.   Habría que leer la magnífica alegoría del cedro (Ez 31,9), a la que Celano alude, para percibir toda la carga afectiva, poética y religiosa que lleva una simple alusión bíblica. Todo el contexto del profeta da a estas dos palabras un inmenso poder evocador.

  15.   Hugolino era obispo de estas dos diócesis a la vez.

  16.   Salvo el viaje a Francia, como queda dicho en el n. 75.

  17.   Según la tradición, estos cuatro hermanos serían, respectivamente, Ángel Tancredi (cf. 1 Cel 109), Bernardo de Quintavalle, León y Rufino (o Juan de Lodi).

  18.   Celano alude a la metáfora paulina de quien corre en el estadio (1 Cor 9,24).

  19.   Cf. Adm 4 y 19; 1 R 17.

  20.   Luciano Canonici intenta hacer un recuento de las enfermedades que San Francisco padeció durante su vida. «Se alude a ellas en diversos lugares de las fuentes franciscanas. Las resumimos. La primera y la más conocida: oftalmía, degenerada en glaucoma secundario, contraída, probablemente, en Oriente. Hay quien habla de un nacimiento laborioso, en un parto difícil, después de una esterilidad primaria de siete años por parte de su madre Pica. Existen testimonios de la grave enfermedad que sufrió los años 1204-1205 después de la prisión en Perusa. En 1212, la malaria le impidió partir para Oriente y luego para España. En 1213, una faringelaringitis aguda le privó por algún tiempo del habla. En diversos lugares encontramos alusiones a enfermedades de estómago, de hígado y de bazo; se habla de hidropesía, de úlcera gástrica, de tumor al estómago. Añádase a todo esto la natural debilidad de su cuerpo, y ténganse en cuenta los muchos viajes, la precariedad de los alojamientos, la insuficiencia de los vestidos, la escasez del alimento, las cuaresmas continuas. En 1224, las llagas le supusieron enfermedades constantes y pérdida de sangre» (San Buenaventura, Vita di San Francesco d'Assisi [Porziuncola 1974] p. 192 n. 1). El quirurgo Sante Cincarelli ha realizado un serio y detallado estudio de las enfermedades de San Francisco, y dice que la crisis final fue determinada, sobre todo, por la desnutrición (Francesco di Pietro Bernardone malato e santo, Firenze 1972).

  21.   Cf. la carta encíclica del hermano Elías anunciando la muerte de Francisco (AF 10 p. 527).

  22.   Como Jacob en el pasaje del Génesis 49,1-27.

  23.   La misma escena y la misma bendición son relatadas en 2 Cel 216; pero en este pasaje se silenciará el nombre del hermano Elías, ya apóstata.

  24.   Para librar al Santo de todo intento de rapto. La Porciúncula, en descampado, no tenía apenas defensa.

  25.   Ángel Tancredi y León. Cf. Legenda choralis umbra 5: AF 10 p. 545.

  26.   Se trata del Cántico de las criaturas, que Francisco coronó con la célebre estrofa: «Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal» (LP 100).

  27.   El hermano Elías, como lo prueban la alusión a su solicitud por los hermanos (Celano no desaprovecha la ocasión de hacer un cumplido), la mención de su presciencia de la muerte del Santo y, por fin, las mismas palabras que se le atribuyen, citando la carta encíclica del ministro general.

  28.   Según Bernardo de Bessa, se trata del «hermano Jacobo de Asís, que vio cómo subía al cielo el alma de nuestro santo padre cual si fuera una estrella tan esplendente como el sol» (Liber de laudibus: AF 3 p. 668).

  29.   Se refiere al cuerpo del Santo. La Edad Media practicaba un culto exagerado a las reliquias; este mismo año (1226), los habitantes de Bettona habían llegado a Asís a hurtar el cuerpo de San Crispolto, supuesto discípulo de San Pedro y que habría evangelizado la Umbría después del año 50. Es conocido el descuartizamiento a que fueron sometidos, inmediatamente después, San Luis, rey de Francia, y Santa Isabel de Portugal.

  30.   Todo el desarrollo, en su fondo y en su forma, está de nuevo inspirado en la carta encíclica del hermano Elías.

  31.   Sabemos, por otra parte, que su cuerpo era moreno tanto por la enfermedad cuanto por su color natural (LM 15,2). Cf. también el niger natura en la alegoría de la gallina negra (TC 63; 2 Cel 24).

  32.   Reminiscencia del prefacio de Navidad.

  33.   El serafín, del que Celano va a hablar a continuación.

  34.   Los serafines componen el último y supremo coro de los ángeles.

  35.   Sigue una explicación alegórica de las visiones que aparecen en Is 6,1-3 y Ez 1,5-25; los elementos de interpretación están tomados de una homilía de San Gregorio.

  36.   Este santo personaje es San Bernardo.

  37.   Esta reja de hierro por la que Santa Clara recibía la comunión, y que fue quitada con objeto de que las religiosas pudieran ver por última vez a su Padre, se encuentra actualmente en Asís, en la capilla del Santísimo Sacramento de la iglesia de Santa Clara.

  38.   La iglesia de San Jorge.

  39.   Esta plegaria de los hermanos menores huérfanos está colocada, salvo la última frase, en una antífona compuesta por Gregorio IX inmediatamente después de la muerte de San Francisco: Plange turba paupercula. El P. Bihl ha demostrado que esta antífona data de 1227 y fue seguida de la elección de Juan Parenti, primer sucesor de San Francisco.

  40.   Es decir, los santos. Cf. Ez 28,14; LM 9,3.

  41.   El rey de Francia al que alude es, probablemente, San Luis, y la reina, Blanca de Castilla, su madre; cuando escribía esto Celano, el rey no pasaba de los catorce años. La enfermedad de que habla el texto no ha de referirse necesariamente a aquella de que murió.

  42.   El significado del nombre tenía una gran importancia en la Edad Media. Aquí, como más arriba en el nombre de Clara, Celano ve algo distinto a una etimología fantástica.

  43.   Federico II, emperador de Alemania, poseía también la Italia del Norte y, por parte de su madre, el reino de las Dos Sicilias; tenía como atenazados los territorios pontificios. Gregorio IX le iba recordando sin cesar su voto de partir a la cruzada; Federico simuló la partida, y fue excomulgado. El emperador invadió entonces los Estados pontificios e hizo que el pueblo romano se soliviantara, como en realidad sucedió el lunes de Pascua de 1228, durante la misa de Gregorio IX en la basílica de San Pedro (de ahí la frase de Celano: «ponen las manos sobre el santo»). El papa no volvió a entrar en Roma hasta 1230.

  44.   Las damas pobres, o clarisas del monasterio de San Pablo, cerca de Espoleto.

  45.   Es decir, el papa; Cristo, etimológicamente, es quien ha recibido la unción. Según los documentos pontificios, Gregorio IX permaneció en Asís del 26 de mayo al 10 de junio de 1228.

  46.   Del 13 de junio al 13 de julio de 1228.

  47.   Juan de Brienne, coronado rey de Jerusalén el 3 de octubre de 1210 y que acabará sus días revestido del hábito franciscano.

  48.   Los alrededores de la iglesia de San Jorge, situada entonces fuera de las murallas.

  49.   Pariente de Inocencio III; llegó a ser cardenal bajo Inocencio IV. Sabemos por Salimbene (Chronica p. 385) que Gregorio IX le apreciaba particularmente.

  50.   Rainerio Cappoci de Viterbo, cisterciense, cardenal desde 1216 y gran amigo de la nueva Orden. Fue él quien compuso el himno Plaude turba y la antífona Caelorum candor splenduit, en alabanza de San Francisco.

  51.   Los cardenales.

  52.   Puede que la utilización de la expresión bíblica (Sal 32,3; 95,1; 97,1) no sea aquí sino retórica; no queda excluida necesariamente la hipótesis de una alusión a las piezas compuestas por el mismo Gregorio IX para la canonización: el himno Proles de caelo (vísperas del oficio del 4 de octubre), el responsorio De paupertatis horreo (responsorio octavo o del mismo oficio) y la prosa Caput draconis.

  53.   La iglesia de San Jorge. Celano precisa que el papa entró en ella per inferiores gradus (¿por el pequeño atrio?, ¿aminorando el paso?); como la iglesia ya no existe, este detalle no nos dice nada. La precisión y abundancia de detalles podría indicar que Celano, entonces en Italia, asistió a las ceremonias que describe.

  54.   En la Edad Media era costumbre bastante extendida ofrecer en un santuario un peso de cera, de metal, de pan o de aceite equivalente al peso del enfermo por el que se rogaba.

  55.   Existen dos Montenero en Umbría, y un tercero en el valle de Rieti.

  56.   Donde entonces reposaba: la iglesia de San Jorge.

  57.   En el Monte Gargano, provincia de Foggia.

  58.   Es el único hermano menor que aparece en esta serie de milagros. De otro se ha tratado en el n. 68.

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