ESPEJO DE PERFECCIÓN

Traducción: Enrique Gutiérrez, o.f.m.

Introducción
por Lázaro Iriarte, o.f.m.cap.

Después de la Leyenda mayor de San Buenaventura, ninguna fuente biográfica ha tenido la difusión manuscrita alcanzada por el Speculum perfectionis, a favor de la aceptación que tuvo, primero, entre los «espirituales» y, a fines del siglo XIV y primera mitad del XV, entre los varios grupos reformados de la «Observancia». Sabatier llegó a examinar hasta 45 códices que lo contienen.

Y fue este gran iniciador de la crítica histórica franciscana quien, con la edición de 1898, volvió a darle actualidad al presentarlo como la Leyenda más antigua de San Francisco. Partiendo de un error de transcripción del códice utilizado por él, que databa el explicit a 11 de mayo de 1227 en lugar de 11 de mayo de 1318, dio por demostrado que el Espejo era obra del hermano León y que ofrecía el retrato espiritual auténtico de San Francisco y la visión más inmediata y fiel de los orígenes de la Orden, en oposición a la imagen oficial y deformada presentada por Celano y San Buenaventura. Tal es la tesis mantenida substancialmente por Sabatier aun en la segunda edición, póstuma, preparada por A. G. Little.

La posición de Sabatier despertó, junto con una viva polémica, el afán por descubrir nuevos testimonios del material contenido en el Espejo. Primero fue la publicación del Anónimo de Perusa, hecha en 1902 por Van Ortroy, y, después, la de la Leyenda antigua de Perusa, dada a conocer en 1922 por Delorme, los dos nuevos descubrimientos que acabaron por minar la tesis del profesor protestante. Sobre todo, el manuscrito de Delorme demostraba, sin género de duda, que el autor del Espejo había utilizado la misma fuente de la que ya se había servido anteriormente Celano para su Vida segunda. Más aún, un análisis atento del texto vino a demostrar que 29 de los 124 capítulos estaban tomados directamente de la obra de Celano; otros 90 derivaban de la Leyenda de Perusa o, al menos, de una fuente común. Son muy contados los capítulos originales, o, mejor, no identificados en otras fuentes biográficas: el capítulo 73, sobre las virtudes necesarias a los superiores y predicadores; el 79, que contiene los «cuatro privilegios» de la Orden [que se hallan ya en Tomás de Eccleston, De adventu]; el 84, que es un poema en hexámetros leonianos a la gloria de la Porciúncula; el 85, con la descripción del verdadero hermano menor; el 119, que contiene el elogio del sol y del fuego; finalmente, el 120, que ofrece el texto del Cántico del hermano sol.

Entre el capítulo 71 y el 72 hay una interpolación posterior, con unas palabras proféticas sobre el futuro de la Orden, recogidas por el hermano León y escritas por éste al hermano Conrado de Offida. El contenido y el tono de este pasaje, como otros atribuidos al mismo Conrado, denuncian patente origen «espiritual».

El compilador del Espejo, ya que de autor no puede hablarse, se limita, en general, a agrupar los relatos tal como los halla. Imitando el método adoptado por Celano en su Vida segunda y por San Buenaventura, organiza la materia en trece partes, sin preocuparse de seguir orden cronológico alguno.

Hay una finalidad, contenida en el mismo título: Espejo de perfección del estado del hermano menor. Ya Celano y Buenaventura habían presentado a San Francisco como «espejo de perfección» y modelo de todos los hermanos. El compilador, con no velada intención crítica, intenta obligar a la «comunidad» a revisar su propio estado, poniéndole delante los hechos y, sobre todo, las máximas del Fundador que mejor evidencian la distancia entre la vida real de la mayoría y el ideal evangélico tal como se vivió en los comienzos y tal como lo quiso San Francisco.

No puede dudarse que el libro fue compuesto en el ambiente de los «espirituales» y para hacerlo circular entre ellos en los años de la máxima tensión, es decir, a principios del siglo XIV.

El capítulo más polémico es el primero, que relata la escena de Fonte Colombo, cuando los ministros se enfrentaron a Francisco por causa de la redacción de la Regla definitiva y se dejó oír la voz de Cristo aprobando lo escrito en ella. El relato, como ya lo hicimos notar, fue añadido en época tardía a la Leyenda de Perusa y muy explotado por Ángel Clareno. El modo como aparece este capítulo da pie para pensar que fue antepuesto cuando ya todo el libro estaba escrito. Se trata, por consiguiente, de un relato independiente que gozó de gran boga en los círculos espirituales, como la tendría también en las reformas posteriores, porque venía a corroborar el origen divino de la Regla y la observancia literal de ésta.

De todo lo dicho se deduce el valor que debe atribuirse al Espejo de perfección como fuente histórica. Desde el punto de vista informativo, ese valor es muy escaso, ya que son conocidos los textos precedentes que el compilador ha manipulado. Cabe un valor complementario. Pero merece figurar con honor en la literatura del primer siglo franciscano como testimonio vibrante de las aspiraciones más puras del sector fervoroso de la Orden; esa especie de sacudida saludable que produjo la querella de los «espirituales», y que volvería a producirse siempre que un movimiento de reforma viniera a renovar la actualidad perenne del ideal de San Francisco.

El Espejo, aun en su intencionalidad tendenciosa, no nos ofrece una historia deformada; los hechos están ahí, en toda la fuerza explosiva de su mismo contenido, tal como los han transmitido los compañeros del Fundador; esos recuerdos directos, elaborados con frecuencia, eso sí, por la fantasía o por la añoranza de los tiempos heroicos. Pero también es historia esa tensión sostenida por la minoría de los celantes. La visión histórica completa del hecho franciscano se obtiene sólo cuando se acierta a valorar, de una parte, la perspectiva de la línea oficial, Celano-Buenaventura-Bernardo de Bessa, y, de la otra, la línea espontánea, casi clandestina, de las añoranzas de los sencillos, cuya sistematización más completa es el Espejo de perfección

 

ÍNDICE

PRÓLOGO

1.

Comienza el Espejo de Perfección del estado del hermano menor

PARTE PRIMERA

La perfección de la pobreza

2.

Cómo el bienaventurado Francisco declaró la voluntad e intención que tuvo, desde el principio hasta el fin, sobre la observancia de la pobreza

3.

Cómo respondió a un ministro que quería tener libros con su licencia y cómo los ministros, a espaldas de él, hicieron que se suprimiera en la Regla el capítulo de las prohibiciones evangélicas

4.

Un novicio quería tener un salterio con consentimiento del Santo

5.

La observancia de la pobreza en libros, camas, casas y enseres

6.

Cómo hizo salir a todos los hermanos de una casa que se decía casa de los hermanos

7.

Cómo quiso derrumbar una casa que el pueblo de Asís había levantado en Santa Maria de la Porciúncula

8.

Cómo reprendió a su vicario, que hacía edificar allí una pequeña casa para rezar el oficio

9.

No quería morar en celda curiosa o que llamaran suya

10.

Cómo recibir lugares en las ciudades y cómo edificarlos según la intención del bienaventurado Francisco

11.

Cómo los hermanos, en especial superiores e intelectuales, le fueron contrarios en cuanto a la construcción de lugares y edificios pobres

12.

Consideraba robo recibir o usar más limosnas de las necesarias

13.

Cómo Cristo le manifestó que no quería que los hermanos poseyeran nada ni en común ni en particular

14.

Cómo abominaba el dinero y cómo castigó a un hermano que lo tocó

15.

Cómo enseñaba a evitar el regalo, a no tener muchas túnicas y a sobrellevar con paciencia las contrariedades

16.

No quería satisfacer a su cuerpo en aquellas necesidades que otros hermanos padecían

17.

Se avergonzaba al encontrar a otro mas pobre que él

18.

Cómo animó y enseñó a los primeros hermanos, que se avergonzaban de pedir limosna, a que fueran a pedirla

19.

No quería que los hermanos vivieran precavidos ni preocupados por el día de mañana

20.

Cómo reprendió de palabra y con el ejemplo a los hermanos que habían preparado con suntuosidad la mesa el día de Navidad porque había llegado un ministro

21.

Cómo al tiempo de un capítulo el señor ostiense derramó lágrimas y quedó edificado de la pobreza de los hermanos

22.

Cómo algunos caballeros encontraron lo necesario pidiendo limosna de puerta en puerta, conforme al consejo del bienaventurado Francisco

23.

Cómo fue a pedir limosna antes de entrar a comer con el cardenal

24.

Un hermano que ni oraba ni trabajaba y comía bien

25.

Cómo salió con fervor al encuentro de un pobre que volvió con la limosna cantando al Señor

26.

El Señor le reveló que se llamaran hermanos menores y que anunciaran la paz y la salvación

PARTE SEGUNDA

Caridad, compasión y condescendencia para con el prójimo

27.

Cómo condescendió con un hermano que se moría de hambre comiendo con él y cómo amonestó a los hermanos que fueran discretos en las penitencias

28.

Cómo condescendió con un hermano enfermo comiendo uvas con él

29.

Cómo se despojaron él y su compañero para vestir a una viejecita pobre

30.

Consideraba hurto no dar la capa a otro más necesitado 

31. Cómo dio a un pobre una capa nueva bajo condición 
32.  Cómo un pobre, movido por la limosna del bienaventurado Francisco, perdonó las injurias y depuso el odio contra su amo

33.

Cómo envió una capa a una mujer pobre que padecía de los ojos como él

34.

Como dio la túnica a unos hermanos que se la pidieron por amor de Dios

35.

Cómo quiso dar ocultamente a un pobre un retazo de tela

36.

Cómo dijo al hermano Gil antes de ser admitido que diera su capa a un pobre

37.

Penitencia que impuso a un hermano que juzgó mal de un pobre

38.

Cómo dio un ejemplar del Nuevo Testamento a una mujer pobre, madre de dos hermanos

PARTE TERCERA

La perfección de la santa humildad y obediencia en él y en los hermanos

39.

Cómo renunció al oficio de prelado e instituyó ministro general al hermano Pedro Cattani

40.

Cómo se desprendió hasta de sus compañeros no queriendo tener compañero especial

41.

Por causa de los malos prelados renunció al oficio de la prelacía

42.

Cómo humildemente buscaba carne para los enfermos y cómo los exhortaba a ser humildes y pacientes

43.

Humilde respuesta de los bienaventurados Francisco y Domingo al ser preguntados si querían que sus hermanos fueran prelados en la Iglesia

44.

Cómo quiso que todos sus hermanos sirviesen a los leprosos para fundarse en la humildad

45.

Cómo quería que en todas sus palabras y obras buenas se atribuyera sólo a Dios la gloria y el honor

46.

Quiso tener como guardián hasta su muerte a uno de sus compañeros y vivir bajo su obediencia

47.

Cómo enseñaba la manera perfecta de obedecer 

48.  Cómo asemejó el perfecto obediente a un cuerpo muerto

49.

Es peligroso mandar precipitadamente por obediencia y no obedecer al mandato de la obediencia

50.

Cómo respondió a los hermanos que querían persuadirle a que pidiera privilegio de poder predicar libremente

51.

Cómo los hermanos se reconciliaban mutuamente cuando se ofendían

52.

Cómo se querelló Jesucristo al hermano León, compañero de San Francisco, de la ingratitud y soberbia de los hermanos

53.

Cómo respondió con humildad y verdad a un doctor de la Orden de Predicadores que le preguntó acerca de un texto de la Escritura

54.

Cómo se ha de vivir en humildad y paz con los clérigos

55.

Cómo consiguió humildemente la iglesia de Santa María de los Ángeles del abad de San Benito de Asís y quiso que los hermanos habitaran y convivieran siempre allí en humildad

56.

Humilde respeto a las iglesias barriéndolas y limpiándolas

57.

Un campesino lo encontró barriendo humildemente la iglesia, se convirtió, entró en la Orden y fue un hermano santo

58.

Cómo se castigó comiendo en la misma escudilla con un leproso por haberle avergonzado

59.

Cómo ahuyentó a los demonios con palabras humildes

60.

Visión que tuvo el hermano Pacífico, en la que oyó que el trono de Lucifer estaba reservado al humilde Francisco

61.

Cómo se hizo conducir desnudo ante el pueblo con una soga al cuello

62.

Quería que todos conociesen cualquier satisfacción que daba a su cuerpo

63.

Cómo se acusó de la vanagloria que le vino al dar una limosna

64.

Cómo describió el estado de la perfecta humildad en sí mismo

65.

Cómo quiso, por humildad, ir a regiones lejanas, igual que había enviado a otros hermanos, y cómo enseñó a los hermanos a andar por el mundo humilde y devotamente

66.

Cómo enseñó a algunos hermanos a conquistar las almas de unos ladrones mediante la humildad y la caridad

67.

Cómo, a causa de los azotes propinados por los demonios, comprendió que era más grato a Dios que estuviera en lugares pobrecitos y humildes que con los cardenales

68.

Cómo reprendió a los hermanos que querían seguir el camino de su saber y ciencia y no el de la humildad y cómo les predijo la reforma y retorno de la Orden al estado primitivo

69.

Cómo supo y predijo que la ciencia sería ocasión de ruina para la Orden y cómo prohibió a uno de los compañeros el afán de predicar

70.

En el tiempo de la futura tribulación, aquellos que ingresaren en la Orden serán benditos, y, después de probados, serán mejores que sus antecesores

71.

Cómo respondió a un compañero que le preguntó por qué no corregía los excesos que corrían en la Orden en su tiempo

72.

Cómo, por las oraciones y lágrimas de hermanos humildes y sencillos, se convierten muchas almas que parecen convertidas por la ciencia y predicación de otros

73.

Quería y enseñaba que los prelados y predicadores debían ejercitarse en la oración y en obras de humildad

74.

Cómo, para humillación suya, enseñó a los hermanos a conocer cuándo era siervo de Dios y cuándo no

75.

Quiso decididamente que todos los hermanos se dedicaran, a tiempos, a trabajos manuales.

PARTE CUARTA

Su celo por la profesión de la Regla y por toda la Religión

76.

Cómo alababa la profesión de la Regla y quería que los hermanos la supieran, hablaran de ella y murieran con ella

77.

Un santo laico que fue martirizado con la Regla en las manos

78.

Quiso que la Orden estuviera siempre bajo la protección y corrección de la Iglesia

79.

Cuatro privilegios que el Señor otorgó a la Religión y reveló al bienaventurado Francisco

80.

Las condiciones que señaló como necesarias en el ministro general y en sus consejeros

81.

Cómo le habló el Señor una vez que se encontraba muy afligido porque los hermanos se desviaban de la perfección

82.

Celo singular que mostró por el lugar de Santa María de la Porciúncula y las normasque estableció allí contra las conversaciones ociosas

83.

Cómo exhortó a que los hermanos no abandonaran nunca este lugar

84.

De las grandezas que obró el Señor en Santa María de los Ángeles

PARTE QUINTA

Su celo por la perfección de los hermanos

85.

Cómo les describió al hermano perfecto

86.

Cómo describía unas miradas impúdicas para hacer amar a los hermanos la honestidad

87.

Tres consignas que dejó a los hermanos para que perseveraran en la perfección

88.

Amor que manifestó a los hermanos, momentos antes de su muerte, repartiendo a cada uno un pedazo de pan, como lo hizo Cristo

89.

Cómo temía que sus hermanos se turbaran a causa de sus enfermedades

90.

Cómo exhortó a las hermanas de Santa Clara

PARTE SEXTA

Su constante fervor de amor y compasión a la pasión de Cristo

91.

No se cuidaba de sus enfermedades por amor a la pasión de Cristo

92.

Cómo fue encontrado llorando en alta voz la pasión de Jesucristo

93.

Cómo ciertos esparcimientos exteriores terminaban en lágrimas por la compasión de Cristo

PARTE SÉPTIMA

Su celo por la oración y el oficio divino y por conservar la alegría espiritual en sí y en los demás

94.

La oración y el Oficio divino 

95.

Cómo amó siempre, en sí y en los demás, la alegría espiritual interior y exterior

96.

Cómo corrigió a un compañero que se mostraba triste

97.

Cómo aconsejaba a los hermanosa dar lo suficiente al cuerpo para que no desfallecieran en la oración

PARTE OCTAVA

Algunas tentaciones que permitió el Señor en él

98.

Cómo el demonio penetró en la almohada que tenía debajo de la cabeza

99.

Una tentación modestísima que tuvo por más de dos años

100.

Tentación que le ocasionaron los ratones, consuelo del Señor y su certeza del reino

PARTE NONA

El espíritu de profecía

101.

Cómo predijo que habían de hacerse las paces entre el obispo y el « podestà » de Asís en virtud de las alabanzas de las criaturas que había compuesto y que hizo cantar por sus compañeros en presencia de aquéllos

102.

Cómo previó la caída de un hermano que no quería confesarse bajo capa de guardar silencio

103.

Uno que lloraba delante del bienaventurado Francisco para que lo recibiera en la Orden

104.

La viña de un sacerdote que dejaron sin uvas a causa del bienaventurado Francisco

105.

Unos caballeros de Perusa que le impedían predicar

106.

Cómo previó la oculta tentación y tribulación de un hermano

107.

Lo que predijo del hermano Bernardo y cómo todo se cumplió

108.

Cómo, cercano a su muerte, comunicó a la bienaventurada Clara que aún lo vería, y se cumplió después de su muerte

109.

Cómo predijo que su cuerpo sería honrado después de muerto

PARTE DÉCIMA

Providencia divina para con él en las cosas exteriores

110.

Cómo el Señor proveyó a los hermanos que estaban con el médico sentados ante una mesa muy pobre

111.

Cierto pescado que apeteció comer en una enfermedad

112.

Manjar y paño que deseaba, cercano a su muerte

PARTE UNDÉCIMA

Su amor a las criaturas y amor de éstas a él

113.

Amor especial que tuvo a las alondras, porque representan al buen religioso

114.

Cómo quiso persuadir al emperador a que diese una ley especial para que en la Navidad del Señor los hombres proveyeran abundantemente a las aves, al buey y al asno y a los pobres

115.

Amor y obediencia que le demostró el fuego cuando tuvo que hacerse un cauterio

116.

No quiso apagar ni permitió que apagaran el fuego que prendió en sus calzones

117.

No quiso usar más una piel por haber impedido que el fuego la arrasara

118.

Amor especial que profesó al agua y a las piedras, a los árboles y a las flores

119.

Cómo ensalzaba, más que a ninguna criatura, al sol y al fuego

120.

Ésta es la alabanza de las criaturas que compuso cuando el Señor le cercioró de su reino

PARTE DUODÉCIMA

Su muerte. Alegría que demostró cuando supo con certeza que estaba muy cercano a la muerte

121.

Cómo respondió al hermano Elías, que le reprochaba porque mostraba tanta alegría

122.

Cómo indujo al médico a que le dijera cuánto podía tener de vida

123.

Cómo, cerciorado de que había de morir pronto, ordenó que le cantaran las alabanzas que había compuesto

124.

Cómo bendijo a la ciudad de Asís cuando era llevado a morir a Santa María

 

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