Después de la Leyenda mayor
de San Buenaventura, ninguna fuente biográfica ha tenido la difusión
manuscrita alcanzada por el Speculum perfectionis, a favor de
la aceptación que tuvo, primero, entre los «espirituales» y, a fines
del siglo XIV y primera mitad del XV, entre los varios grupos reformados
de la «Observancia». Sabatier llegó a examinar hasta 45 códices que
lo contienen.
Y fue este gran iniciador de la crítica
histórica franciscana quien, con la edición de 1898, volvió a darle
actualidad al presentarlo como la Leyenda más antigua de San
Francisco. Partiendo de un error de transcripción del códice utilizado
por él, que databa el explicit a 11 de mayo de 1227 en lugar
de 11 de mayo de 1318, dio por demostrado que el Espejo era
obra del hermano León y que ofrecía el retrato espiritual auténtico
de San Francisco y la visión más inmediata y fiel de los orígenes de
la Orden, en oposición a la imagen oficial y deformada presentada por
Celano y San Buenaventura. Tal es la tesis mantenida substancialmente
por Sabatier aun en la segunda edición, póstuma, preparada por A. G.
Little.
La posición de Sabatier despertó,
junto con una viva polémica, el afán por descubrir nuevos testimonios
del material contenido en el Espejo. Primero fue la publicación
del Anónimo de Perusa, hecha en 1902 por Van Ortroy, y, después,
la de la Leyenda antigua de Perusa, dada a conocer en 1922 por
Delorme, los dos nuevos descubrimientos que acabaron por minar la tesis
del profesor protestante. Sobre todo, el manuscrito de Delorme
demostraba, sin género de duda, que el autor del Espejo había
utilizado la misma fuente de la que ya se había servido anteriormente
Celano para su Vida segunda. Más aún, un análisis atento del
texto vino a demostrar que 29 de los 124 capítulos estaban tomados
directamente de la obra de Celano; otros 90 derivaban de la Leyenda
de Perusa o, al menos, de una fuente común. Son muy contados los
capítulos originales, o, mejor, no identificados en otras fuentes biográficas:
el capítulo 73, sobre las virtudes necesarias a los superiores y
predicadores; el 79, que contiene los «cuatro privilegios» de la Orden
[que se hallan ya en Tomás de Eccleston, De adventu]; el 84,
que es un poema en hexámetros leonianos a la gloria de la Porciúncula;
el 85, con la descripción del verdadero hermano menor; el 119, que
contiene el elogio del sol y del fuego; finalmente, el 120, que ofrece
el texto del Cántico del hermano sol.
Entre el capítulo 71 y el 72 hay una
interpolación posterior, con unas palabras proféticas sobre el futuro
de la Orden, recogidas por el hermano León y escritas por éste al
hermano Conrado de Offida. El contenido y el tono de este pasaje, como
otros atribuidos al mismo Conrado, denuncian patente origen «espiritual».
El compilador del Espejo, ya
que de autor no puede hablarse, se limita, en general, a agrupar los
relatos tal como los halla. Imitando el método adoptado por Celano en
su Vida segunda y por San Buenaventura, organiza la materia en
trece partes, sin preocuparse de seguir orden cronológico alguno.
Hay una finalidad, contenida en el
mismo título: Espejo de perfección del estado del hermano menor.
Ya Celano y Buenaventura habían presentado a San Francisco como «espejo
de perfección» y modelo de todos los hermanos. El compilador, con no
velada intención crítica, intenta obligar a la «comunidad» a revisar
su propio estado, poniéndole delante los hechos y, sobre todo, las máximas
del Fundador que mejor evidencian la distancia entre la vida real de la
mayoría y el ideal evangélico tal como se vivió en los comienzos y
tal como lo quiso San Francisco.
No puede dudarse que el libro fue
compuesto en el ambiente de los «espirituales» y para hacerlo circular
entre ellos en los años de la máxima tensión, es decir, a principios
del siglo XIV.
El capítulo más polémico es el
primero, que relata la escena de Fonte Colombo, cuando los ministros se
enfrentaron a Francisco por causa de la redacción de la Regla
definitiva y se dejó oír la voz de Cristo aprobando lo escrito en
ella. El relato, como ya lo hicimos notar, fue añadido en época tardía
a la Leyenda de Perusa y muy explotado por Ángel Clareno. El
modo como aparece este capítulo da pie para pensar que fue antepuesto
cuando ya todo el libro estaba escrito. Se trata, por consiguiente, de
un relato independiente que gozó de gran boga en los círculos
espirituales, como la tendría también en las reformas posteriores,
porque venía a corroborar el origen divino de la Regla y la observancia
literal de ésta.
De todo lo dicho se deduce el valor
que debe atribuirse al Espejo de perfección como fuente histórica.
Desde el punto de vista informativo, ese valor es muy escaso, ya que son
conocidos los textos precedentes que el compilador ha manipulado. Cabe
un valor complementario. Pero merece figurar con honor en la literatura
del primer siglo franciscano como testimonio vibrante de las
aspiraciones más puras del sector fervoroso de la Orden; esa especie de
sacudida saludable que produjo la querella de los «espirituales», y
que volvería a producirse siempre que un movimiento de reforma viniera
a renovar la actualidad perenne del ideal de San Francisco.
El Espejo, aun en su
intencionalidad tendenciosa, no nos ofrece una historia deformada; los
hechos están ahí, en toda la fuerza explosiva de su mismo contenido,
tal como los han transmitido los compañeros del Fundador; esos
recuerdos directos, elaborados con frecuencia, eso sí, por la fantasía
o por la añoranza de los tiempos heroicos. Pero también es historia
esa tensión sostenida por la minoría de los celantes. La visión histórica
completa del hecho franciscano se obtiene sólo cuando se acierta a
valorar, de una parte, la perspectiva de la línea oficial, Celano-Buenaventura-Bernardo
de Bessa, y, de la otra, la línea espontánea, casi clandestina, de las
añoranzas de los sencillos, cuya sistematización más completa es el Espejo
de perfección
ÍNDICE
|
PRÓLOGO |
|
1. |
Comienza el Espejo de Perfección del estado del hermano
menor |
|
PARTE PRIMERA |
|
La perfección de la pobreza |
|
2. |
Cómo el bienaventurado Francisco declaró la voluntad e
intención que tuvo, desde el principio hasta el fin, sobre la
observancia de la pobreza |
|
3. |
Cómo respondió a un ministro que quería tener libros con
su licencia y cómo los ministros, a espaldas de él, hicieron
que se suprimiera en la Regla el capítulo de las prohibiciones
evangélicas |
|
4. |
Un novicio quería tener un salterio con consentimiento del
Santo |
|
5. |
La observancia de la pobreza en libros, camas, casas y
enseres |
|
6. |
Cómo hizo salir a todos los hermanos de una casa que se
decía casa de los hermanos |
|
7. |
Cómo quiso derrumbar una casa que el pueblo de Asís había
levantado en Santa Maria de la Porciúncula |
|
8. |
Cómo reprendió a su vicario, que hacía edificar allí una
pequeña casa para rezar el oficio |
|
9. |
No quería morar en celda curiosa o que llamaran suya |
|
10. |
Cómo recibir lugares en las ciudades y cómo edificarlos
según la intención del bienaventurado Francisco |
|
11. |
Cómo los hermanos, en especial superiores e intelectuales,
le fueron contrarios en cuanto a la construcción de lugares y
edificios pobres |
|
12. |
Consideraba robo recibir o usar más limosnas de las
necesarias |
|
13. |
Cómo Cristo le manifestó que no quería que los hermanos
poseyeran nada ni en común ni en particular |
|
14. |
Cómo abominaba el dinero y cómo castigó a un hermano que
lo tocó |
|
15. |
Cómo enseñaba a evitar el regalo, a no tener muchas
túnicas y a sobrellevar con paciencia las contrariedades |
|
16. |
No quería satisfacer a su cuerpo en aquellas necesidades que
otros hermanos padecían |
|
17. |
Se avergonzaba al encontrar a otro mas pobre que él |
|
18. |
Cómo animó y enseñó a los primeros hermanos, que se
avergonzaban de pedir limosna, a que fueran a pedirla |
|
19. |
No quería que los hermanos vivieran precavidos ni
preocupados por el día de mañana |
|
20. |
Cómo reprendió de palabra y con el ejemplo a los hermanos
que habían preparado con suntuosidad la mesa el día de Navidad
porque había llegado un ministro |
|
21. |
Cómo al tiempo de un capítulo el señor ostiense derramó
lágrimas y quedó edificado de la pobreza de los hermanos |
|
22. |
Cómo algunos caballeros encontraron lo necesario pidiendo
limosna de puerta en puerta, conforme al consejo del
bienaventurado Francisco |
|
23. |
Cómo fue a pedir limosna antes de entrar a comer con el
cardenal |
|
24. |
Un hermano que ni oraba ni trabajaba y comía bien |
|
25. |
Cómo salió con fervor al encuentro de un pobre que volvió
con la limosna cantando al Señor |
|
26. |
El Señor le reveló que se llamaran hermanos menores y que
anunciaran la paz y la salvación |
|
PARTE SEGUNDA |
|
Caridad, compasión y condescendencia para con el prójimo |
|
27. |
Cómo condescendió con un hermano que se moría de hambre
comiendo con él y cómo amonestó a los hermanos que fueran
discretos en las penitencias |
|
28. |
Cómo condescendió con un hermano enfermo comiendo uvas con
él |
|
29. |
Cómo se despojaron él y su compañero para vestir a una
viejecita pobre |
|
30. |
Consideraba hurto no dar la capa a otro más necesitado |
|
31. |
Cómo dio a un pobre una capa nueva bajo condición |
|
32. |
Cómo un
pobre, movido por la limosna del bienaventurado Francisco,
perdonó las injurias y depuso el odio contra su amo |
|
33. |
Cómo envió una capa a una mujer pobre que padecía de los
ojos como él |
|
34. |
Como dio la túnica a unos hermanos que se la pidieron por
amor de Dios |
|
35. |
Cómo quiso dar ocultamente a un pobre un retazo de tela |
|
36. |
Cómo dijo al hermano Gil antes de ser admitido que diera su
capa a un pobre |
|
37. |
Penitencia que impuso a un hermano que juzgó mal de un pobre |
|
38. |
Cómo dio un ejemplar del Nuevo Testamento a una mujer pobre,
madre de dos hermanos |
|
PARTE TERCERA |
|
La perfección de la santa humildad y obediencia en él y en
los hermanos |
|
39. |
Cómo renunció al oficio de prelado e instituyó ministro
general al hermano Pedro Cattani |
|
40. |
Cómo se desprendió hasta de sus compañeros no queriendo
tener compañero especial |
|
41. |
Por causa de los malos prelados renunció al oficio de la
prelacía |
|
42. |
Cómo humildemente buscaba carne para los enfermos y cómo
los exhortaba a ser humildes y pacientes |
|
43. |
Humilde respuesta de los bienaventurados Francisco y Domingo
al ser preguntados si querían que sus hermanos fueran prelados
en la Iglesia |
|
44. |
Cómo quiso que todos sus hermanos sirviesen a los leprosos
para fundarse en la humildad |
|
45. |
Cómo quería que en todas sus palabras y obras buenas se
atribuyera sólo a Dios la gloria y el honor |
|
46. |
Quiso tener como guardián hasta su muerte a uno de sus
compañeros y vivir bajo su obediencia |
|
47. |
Cómo enseñaba la manera perfecta de obedecer |
|
48. |
Cómo
asemejó el perfecto obediente a un cuerpo muerto |
|
49. |
Es peligroso mandar precipitadamente por obediencia y no
obedecer al mandato de la obediencia |
|
50. |
Cómo respondió a los hermanos que querían persuadirle a
que pidiera privilegio de poder predicar libremente |
|
51. |
Cómo los hermanos se reconciliaban mutuamente cuando se
ofendían |
|
52. |
Cómo se querelló Jesucristo al hermano León, compañero de
San Francisco, de la ingratitud y soberbia de los hermanos |
|
53. |
Cómo respondió con humildad y verdad a un doctor de la
Orden de Predicadores que le preguntó acerca de un texto de la
Escritura |
|
54. |
Cómo se ha de vivir en humildad y paz con los clérigos |
|
55. |
Cómo consiguió humildemente la iglesia de Santa María de
los Ángeles del abad de San Benito de Asís y quiso que los
hermanos habitaran y convivieran siempre allí en humildad |
|
56. |
Humilde respeto a las iglesias barriéndolas y limpiándolas |
|
57. |
Un campesino lo encontró barriendo humildemente la iglesia,
se convirtió, entró en la Orden y fue un hermano santo |
|
58. |
Cómo se castigó comiendo en la misma escudilla con un
leproso por haberle avergonzado |
|
59. |
Cómo ahuyentó a los demonios con palabras humildes |
|
60. |
Visión que tuvo el hermano Pacífico, en la que oyó que el
trono de Lucifer estaba reservado al humilde Francisco |
|
61. |
Cómo se hizo conducir desnudo ante el pueblo con una soga al
cuello |
|
62. |
Quería que todos conociesen cualquier satisfacción que daba
a su cuerpo |
|
63. |
Cómo se acusó de la vanagloria que le vino al dar una
limosna |
|
64. |
Cómo describió el estado de la perfecta humildad en sí
mismo |
|
65. |
Cómo quiso, por humildad, ir a regiones lejanas, igual que
había enviado a otros hermanos, y cómo enseñó a los hermanos
a andar por el mundo humilde y devotamente |
|
66. |
Cómo enseñó a algunos hermanos a conquistar las almas de
unos ladrones mediante la humildad y la caridad |
|
67. |
Cómo, a causa de los azotes propinados por los demonios,
comprendió que era más grato a Dios que estuviera en lugares
pobrecitos y humildes que con los cardenales |
|
68. |
Cómo reprendió a los hermanos que querían seguir el camino de su saber y ciencia y no el de la humildad y cómo les predijo la reforma y retorno de la Orden al estado primitivo |
|
69. |
Cómo supo y predijo que la ciencia sería ocasión de ruina
para la Orden y cómo prohibió a uno de los compañeros el
afán de predicar |
|
70. |
En el tiempo de la futura tribulación, aquellos que
ingresaren en la Orden serán benditos, y, después de probados,
serán mejores que sus antecesores |
|
71. |
Cómo respondió a un compañero que le preguntó por qué no
corregía los excesos que corrían en la Orden en su tiempo |
|
72. |
Cómo, por las oraciones y lágrimas de hermanos humildes y
sencillos, se convierten muchas almas que parecen convertidas
por la ciencia y predicación de otros |
|
73. |
Quería y enseñaba que los prelados y predicadores debían
ejercitarse en la oración y en obras de humildad |
|
74. |
Cómo, para humillación suya, enseñó a los hermanos a
conocer cuándo era siervo de Dios y cuándo no |
|
75. |
Quiso decididamente que todos los hermanos se dedicaran, a
tiempos, a trabajos manuales. |
|
PARTE CUARTA |
|
Su celo por la profesión de la Regla y por toda la Religión |
|
76. |
Cómo alababa la profesión de la Regla y quería que los
hermanos la supieran, hablaran de ella y murieran con ella |
|
77. |
Un santo laico que fue martirizado con la Regla en las manos |
|
78. |
Quiso que la Orden estuviera siempre bajo la protección y
corrección de la Iglesia |
|
79. |
Cuatro privilegios que el Señor otorgó a la Religión y
reveló al bienaventurado Francisco |
|
80. |
Las condiciones que señaló como necesarias en el ministro
general y en sus consejeros |
|
81. |
Cómo le habló el Señor una vez que se encontraba muy
afligido porque los hermanos se desviaban de la perfección |
|
82. |
Celo singular que mostró por el lugar de Santa María de la
Porciúncula y las normasque estableció allí contra las
conversaciones ociosas |
|
83. |
Cómo exhortó a que los hermanos no abandonaran nunca este
lugar |
|
84. |
De las grandezas que obró el Señor en Santa María de los
Ángeles |
|
PARTE QUINTA |
|
Su celo por la perfección de los hermanos |
|
85. |
Cómo les describió al hermano perfecto |
|
86. |
Cómo describía unas miradas impúdicas para hacer amar a
los hermanos la honestidad |
|
87. |
Tres consignas que dejó a los hermanos para que perseveraran
en la perfección |
|
88. |
Amor que manifestó a los hermanos, momentos antes de su
muerte, repartiendo a cada uno un pedazo de pan, como lo hizo
Cristo |
|
89. |
Cómo temía que sus hermanos se turbaran a causa de sus
enfermedades |
|
90. |
Cómo exhortó a las hermanas de Santa Clara |
|
PARTE SEXTA |
|
Su constante fervor de amor y compasión a la pasión de
Cristo |
|
91. |
No se cuidaba de sus enfermedades por amor a la pasión de
Cristo |
|
92. |
Cómo fue encontrado llorando en alta voz la pasión de
Jesucristo |
|
93. |
Cómo ciertos esparcimientos exteriores terminaban en
lágrimas por la compasión de Cristo |
|
PARTE SÉPTIMA |
|
Su celo por la oración y el oficio divino y por conservar la
alegría espiritual en sí y en los demás |
|
94. |
La oración y el Oficio divino |
95. |
Cómo amó siempre, en sí
y en los demás, la alegría espiritual interior y exterior |
|
96. |
Cómo corrigió a un compañero que se mostraba triste |
|
97. |
Cómo aconsejaba a los hermanosa dar lo suficiente al cuerpo
para que no desfallecieran en la oración |
|
PARTE OCTAVA |
|
Algunas tentaciones que permitió el Señor en él |
|
98. |
Cómo el demonio penetró en la almohada que tenía debajo de
la cabeza |
|
99. |
Una tentación modestísima que tuvo por más de dos años |
|
100. |
Tentación que le ocasionaron los ratones, consuelo del
Señor y su certeza del reino |
|
PARTE NONA |
|
El espíritu de profecía |
|
101. |
Cómo predijo que habían de hacerse las paces entre el
obispo y el « podestà » de Asís en virtud de las alabanzas
de las criaturas que había compuesto y que hizo cantar por sus
compañeros en presencia de aquéllos |
|
102. |
Cómo previó la caída de un hermano que no quería
confesarse bajo capa de guardar silencio |
|
103. |
Uno que lloraba delante del bienaventurado Francisco para que
lo recibiera en la Orden |
|
104. |
La viña de un sacerdote que dejaron sin uvas a causa del
bienaventurado Francisco |
|
105. |
Unos caballeros de Perusa que le impedían predicar |
|
106. |
Cómo previó la oculta tentación y tribulación de un
hermano |
|
107. |
Lo que predijo del hermano Bernardo y cómo todo se cumplió |
|
108. |
Cómo, cercano a su muerte, comunicó a la bienaventurada
Clara que aún lo vería, y se cumplió después de su muerte |
|
109. |
Cómo predijo que su cuerpo sería honrado después de muerto |
|
PARTE DÉCIMA |
|
Providencia divina para con él en las cosas exteriores |
|
110. |
Cómo el Señor proveyó a los hermanos que estaban con el
médico sentados ante una mesa muy pobre |
|
111. |
Cierto pescado que apeteció comer en una enfermedad |
|
112. |
Manjar y paño que deseaba, cercano a su muerte |
|
PARTE UNDÉCIMA |
|
Su amor a las criaturas y amor de éstas a él |
|
113. |
Amor especial que tuvo a las alondras, porque representan al
buen religioso |
|
114. |
Cómo quiso persuadir al emperador a que diese una ley
especial para que en la Navidad del Señor los hombres
proveyeran abundantemente a las aves, al buey y al asno y a los
pobres |
|
115. |
Amor y obediencia que le demostró el fuego cuando tuvo que
hacerse un cauterio |
|
116. |
No quiso apagar ni permitió que apagaran el fuego que
prendió en sus calzones |
|
117. |
No quiso usar más una piel por haber impedido que el fuego
la arrasara |
|
118. |
Amor especial que profesó al agua y a las piedras, a los
árboles y a las flores |
|
119. |
Cómo ensalzaba, más que a ninguna criatura, al sol y al
fuego |
|
120. |
Ésta es la alabanza de las criaturas que compuso cuando el
Señor le cercioró de su reino |
|
PARTE DUODÉCIMA |
|
Su muerte. Alegría que demostró cuando supo con certeza que
estaba muy cercano a la muerte |
|
121. |
Cómo respondió al hermano Elías, que le reprochaba porque
mostraba tanta alegría |
|
122. |
Cómo indujo al médico a que le dijera cuánto podía tener
de vida |
|
123. |
Cómo, cerciorado de que había de morir pronto, ordenó que
le cantaran las alabanzas que había compuesto |
|
124. |
Cómo bendijo a la ciudad de Asís cuando era llevado a morir
a Santa María |
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